HEBRÓN

¿Por qué dejé de orar de forma tan específica?

Hay algo que ha cambiado en mis oraciones de forma reciente. Ya no oro de forma tan específica. Anteriormente, sobre todo cuando oraba por un enfermo, oraba para que Dios sanara su enfermedad, su fiebre que interviniera en cuanto proceso bioquímico recordara, que disminuyera la reproducción microbiana, que fortaleciera Su sistema inmune y muchas cosas similares a estas. Una de las cosas que me llevaban a realizar una oración extensa en detalles era el pensamiento “Dios quiere que seas específico”, lo escuché en muchas prédicas y muchas conferencias, que el ser detallista y prolongarme era necesario para que mi oración fuera contestada de forma adecuada.

Sin embargo con el pasar de los años me he limitado el ser tan específico en mis peticiones. No son más generales que antes, simplemente no abundan en detalles y estas son tres de las razones por las que ya no oro en la misma forma.

RAZÓN #1: SE QUE DIOS CONOCE MI NECESIDAD Y NO VA A CONFUNDIRSE

Quizá uno de mis principales miedos al orar es que Dios no contestara mi oración por falta de especificidad. Temía que dijera que no había actuado porque no le había pedido lo suficientemente bien aquello que necesitaba. El problema con este enfoque es que le daba un gran valor a mi intervención en la oración y no a la sabiduría de Dios, quien es el que sabe todas las cosas. El no se confundiría en lo que le pidiera, ¡El conoce todas las cosas! (Salmos 39:2-4, Juan 21:17, Isaías 65:24, Salmos 147:5).

No es necesario que le dicte a Dios la forma, el hará la forma que precise para cumplir sus propósitos y mostrar su gloria al contestar mi oración (Salmos 138:8). Dios el creador de todo no necesita que yo le recuerde o le indique como actuar específicamente en determinados casos, solo pide que ponga mi confianza y dependencia en El al poner cada evento en sus manos (Éxodo 14:14). Sé que a Dios no le falta que yo entienda todos los detalles en los cuales El debería de obrar, sino que ponga mi fe en que El obrará todas las cosas que considere necesarias de forma perfecta

RAZÓN #2: SE QUE DIOS ES AMOR Y NO VA A LIMITARSE

El Señor nos anima a pedir aquellas cosas que verdaderamente importan, su reino, su voluntad y su gloria, pero también nos anima a pedir por nuestras necesidades (Mateo 6:33, 1ª Pedro 5:7). Además El Padre es tan bondadoso que envió al Espíritu Santo mismo para interceder por nosotros y el Hijo cada día intercede ante su trono por nosotros (Romanos 8:26, Hebreos 7:25). ¡Qué gran dicha es saber que la Santa Trinidad se involucra para atender la súplica de sus hijos! ¡Qué alegría saber que Él inclina su oído ante los que se humillan ante El! Su poder no se verá limitado por nuestra incapacidad de poder pedir de forma adecuada, Él suplirá nuestra insuficiencia con su suficiencia (Filipenses 4:19).

Dios ya entregó lo más valioso por nosotros, su Hijo amado, y junto con El nos ha entregado también todas las bendiciones espirituales que acompañan a la salvación y algunas añadiduras (Romanos 8:32), de las cuales debemos estar agradecidos como el regalo inmerecido que son y no orgullosos considerándolas como derecho adquirido (1ª Corintios 4:7). Por tanto sabemos que todas nuestras necesidades serán satisfechas por nuestro Padre Celestial que tiene cuidado de nosotros y nos ama con amor eterno (1ª Juan 5:14-15).

RAZÓN #3: SE QUE DIOS SOBERANO Y QUE NO SE RIGE POR MIS PARÁMETROS

Cuando veo en retrospectiva me entristezco, veo que mi alta especificidad en la oración no respondía en una fe grande o un anhelo de buscar a Dios, sino lo que hacía era tratar de encasillar a Dios en mi pensamiento, que El actuara conforme a mis pensamientos. Tristemente percibía mi sabiduría e inteligencia como mayores a las que Dios poseía y deseaba imponer mi voluntad por encima de la voluntad de Dios.

Al hacer oraciones largas y muy específicas también me llenaba de orgullo por mi conocimiento y la forma tan “amplia y espiritual” en que veía las cosas. Pero gracias a Dios El me ha ayudado a poner las cosas en perspectiva. A que creciera mi imagen de Él y que me viera a mi mismo como soy en realidad (Romanos 12:3), que El es Soberano sobre los eventos de mi vida y la de todo el mundo y que debo dejar que Dios sea Dios y obre de acuerdo a su Voluntad (Salmos 135:6, Daniel 4:35, Efesios 1:11,Apocalipsis 1:5). Así también debemos recordar que Dios no contestará de la forma en que yo quisiera que contestara, necesariamente, pero siempre suplirá mi mayor necesidad: su amor y gracia en Cristo Jesús en cada momento y que El no nos abandonará. Que sus caminos son más altos que nuestros caminos y debemos aprender a confiar y depender de Él.

CONCLUSIÓN:

En todo tiempo Dios nos anima a que llevemos ante El peticiones muy específicas y que éstas dirijan en todo tiempo nuestra oración: el arrepentimiento continuo, la búsqueda del reino de Dios, el anhelo de ser hechos conforme a Jesús, por tanto no escatimemos esfuerzos en ser altamente precisos en buscar a Dios, en aprender de su Palabra en gozarnos en su Espíritu, sometámonos bajo su soberanía, amor y sabiduría, no dejemos de poner nuestras peticiones delante de Él y desear que Dios obre su plan perfecto que es nuestra santificación.

 

David Arreaza

David es escritor en Hebrón y sirve al Señor como Pediatra en el Seguro Social y en la música en una comunidad misionera. Casado con Eva, asiste a Iglesia Reforma en Ciudad de Guatemala.

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