HEBRÓN

¿Está el Rey en casa?

El palacio del Rey sin el Rey es solo una gran casa vacía.

Cuando salía del templo, uno de sus discípulos le dijo: Maestro, ¡mira qué piedras y qué edificios! Y Jesús le dijo: ¿Ves estos grandes edificios? No quedará piedra sobre piedra que no sea derribada. Marcos 13:1-2

Imagínate el shock y miedo que sintieron los discípulos cuando Jesús anunció que el Templo de Jerusalén sería destruido. Pensaron que no podría haber nada más catastrófico en su mundo que la destrucción del Templo. Las apariencias engañan y a veces somos impresionados fácilmente por las cosas erróneas. Dios ve las cosas diferentes a como las vemos nosotros.

El Templo que Jesús y Sus discípulos conocían, era una gran ampliación y renovación del segundo templo construido. Cuatro años después, este gran Templo fue destruido por los romanos junto con la ciudad de Jerusalén, justo como Jesús lo había predicho. Este templo, como el segundo templo, no tenía el Arca del Pacto en el Lugar Santísimo.

Por siglos el Arca había representado para los judíos la presencia literal de Dios en el templo. Grandes e impresionantes rituales tomaban lugar en el Templo cada día. Pero muy pocos de los involucrados estaban consientes de que el Señor de la casa no se encontraba en casa. Obtenemos algún sentido del espíritu del lugar en los relatos de los Evangelios cuando Jesús volcó las mesas de la gente por haber convertido la “casa de oración” en “cueva de ladrones”.

Debemos darnos cuenta de la misma verdad que los discípulos tuvieron que aprender: la presencia del Rey no se encontraba en los edificios de piedra, sino en los corazones de Sus hijos. Pablo dijo: “Dios que hizo el mundo y todo lo que en él existe, siendo Señor del cielo y de la tierra, no habita en templos hechos por manos humanas” Lo importante no es el edificio o su decoración o elegancia. Lo importante es la presencia del Rey.

Es la presencia del Rey que hace la casa un palacio. Sin Su presencia, la casa puede ser una choza. De hecho aun la choza más simple, puede convertirse en un palacio hermoso si la presencia del Rey está ahí. El verdadero palacio del Rey es dondequiera que el Rey reside. Como cristianos, cada uno de nosotros somos el palacio del Rey porque Él reside en nosotros a través de su Santo Espíritu.

¿O ignoráis que vuestro cuerpo es templo del Espíritu Santo, el cual está en vosotros, el cual tenéis de Dios, y que no sois vuestros? 1 Corintios 6:19

Pablo dice que nuestros cuerpos son templos del Espíritu Santo que vive en nosotros. En este sentido por lo menos, llevamos al Rey con nosotros dondequiera que vamos. Esta es la diferencia entre ser la concubina del Rey y ser Su esposa. “Las concubinas pueden haber tenido experiencias con el Rey, ¡pero Su esposa tiene al Rey!”  Como cristianos, no solamente experimentamos al Rey. Tenemos al Rey como una presencia viva diaria dentro de nosotros. Somos Su Novia santa y no importa donde estemos, estamos en un palacio porque estamos con Él.

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