HEBRÓN

Oídos Seguros

En mi rol dentro de la iglesia y el colegio en el que trabajo me ha tocado muchas veces estar sentada frente a alguien que ha fallado. Ya sea porque fueron descubiertos o porque ya no aguantaban el peso de la culpa, ellos llegan a un punto en el que no pueden más y deciden hablar.

Confieso que muchas veces he sido implacable, he juzgado-en secreto o abiertamente-, he negado nuevas oportunidades y he cerrado algunas puertas. Es bien cómodo estar en la silla de autoridad o liderazgo… pero cómo cambia todo cuando estás del otro lado.

Han ocurrido algunas cosas que me han llevado a estar sentada ahí. Ahora entiendo el nerviosismo, las palabras enredadas, las pausas prolongadas; que parecen la única forma de tener un respiro, la mirada baja y las expresiones de dolor o tristeza. Sencillamente no es fácil sentarse frente a alguien y admitir que estás mal. No es fácil reconocer que pecaste o que tomaste una decisión errada.

Pero soy bendecida al contar con oídos seguros. No son muchos, pero hay ciertas personas cuyos oídos son siempre confiables. Al estar sentada frente a ellos, puedo quitarme la máscara de religiosidad, puedo hablar con libertad, puedo hacer cuestionamientos sinceros (por los que muchos cristianos me condenarían), puedo expresar mis dudas respecto a lo que Dios está haciendo o no ha hecho aún.

La Biblia dice “confiésense unos a otros sus pecados, y oren unos por otros,para que sean sanados” (Santiago 5:16). El Señor nos anima a no luchar solos. Nos pide “sobrellevar los unos las cargas de los otros” (Gálatas 6:2). Representa una enorme liberación sentarte con alguien, ser transparente y bajar la carga de culpa, miedos, pecado oculto, confusión o dolor que has andado llevando.

En temporadas como ésta, agradezco con toda el alma al Señor por los oídos seguros que tengo. Esos que reciben tu llamada no importando la hora que sea, esos que hacen espacio en sus propias vidas para ti, esos que no te condenan, esos que no se asustan a pesar de que muestras tu condición espiritual real, esos que Dios usa para “restaurarme con espíritu de mansedumbre” (Gálatas 6:1).

Siempre lo he afirmado, la vida cristiana no se hizo para vivirla solos. Fue diseñada para luchar y crecer juntos. Sea cual sea la temporada que estés atravesando, asegúrate de contar con al menos un par de oídos seguros. No temas. Siéntate de frente, se transparente, admite tus fallas y permite que Dios te muestre Su amor y Gracia por medio de esos oídos.

Gozaos con los que se gozan; llorad con los que lloran. Romanos 12:15

Destellos | Doménica Maeda

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