HEBRÓN

Pan en el desierto

Israel: Un pueblo acostumbrado a ser esclavo había recibido su libertad, pero la libertad tiene sus peligros. Un esclavo tiene asegurado su alimento, pero el hombre libre debe trabajar para conseguirlo, aun así, en medio del desierto ¿quién podría cosechar o hacer cosa alguna para obtener alimento? La independencia que Israel gozaba ahora de Egipto vino a reforzar una idea, el pueblo no era independiente de Dios, más bien, todo lo que ahora tenían se lo debían directamente al Señor. Él los había comprado como pueblo para sí mismo y Él se encargaba de su cuidado, aun cuando el mismo pueblo muchas veces dudaba y tentaba a Dios con sus murmuraciones, Él permaneció fiel durante 40 años. Al inicio de su peregrinaje, tras las primeras lluvias de maná del cielo se encuentra este pasaje.

Esto es lo que el Señor ha mandado,” dijo Moisés: “Que se guarden unos dos litros llenos de maná para sus generaciones, para que vean el pan que Yo les di de comer en el desierto cuando los saqué de la tierra de Egipto. Éxodo 16:32

Este pasaje muestra como exaltar a Dios mostrando 3 cualidades en las que la fidelidad del Señor debe ser celebrada y guardada en nuestro corazón

  1. Testificar con gratitud: “Que se guarde… maná para sus generaciones, para que vean”, esta parte implica la intencionalidad de contar a generaciones futuras las maravillas que Dios ha hecho. ¿Has pensado cómo hablarás de Jesús y su enseñanza a tus hijos o a tus nietos? ¿Guardas para ti mismo frascos llenos de evidencia para contarle a las generaciones futuras la fidelidad de Dios? Y aunque la fuerza de este pasaje es hacia el futuro no podemos evadir que tenemos un compromiso con nuestra generación y con las generaciones pasadas ¿Hemos testificado ante ellos sobre la bondad del Señor?
  1. Celebrar su Provisión “…el pan que Yo les di…” Las primeras veces que el maná cayó vemos que los israelitas tenían serias dudas de dónde provenía o quién lo suministraba, primero se les dijo que no tomaran doble y lo hicieron, supongo que dudaban que caería maná al día siguiente como si fuera un evento al azar (si lo recuerdas sabrás que ese maná “extra” se pudrió). Luego se les dijo que tomaran doble antes del día de reposo y no lo hicieron, salieron a buscar al día siguiente, pensando que como un evento natural se debería repetir todos los días y ese día no cayó. Tal parece que nosotros tenemos la misma tendencia, vemos los milagros ocurriendo ante nuestros ojos y no sabemos que Dios es quien los provee, lo ignoramos, se lo atribuimos al azar, a las circunstancias o a nuestro propio esfuerzo. Pero el saber que Dios es el que provee, nos dará el gozo para celebrar cualquiera sea la circunstancia.
  1. Admirar su Poder: “Yo les di de comer en el desierto” ¿Hay algo que sea difícil para Dios? Hacer llover pan en el desierto no creo que cuente. Tampoco el hacer llover maná 6 días por semana con doble porción en el sexto. Tampoco el hacerlo llover durante 40 años para alimentar a una nación completa. No me malinterpretes, Dios usó de su gran poder para hacer de lo imposible posible, pero lo que requiere aún más poder y fidelidad, es hacerlo para un pueblo en constante rebelión, que no tomaba a Dios en serio, poder para guardar su ira y mostrar misericordia, poder para amar al que te menosprecia y dar toda clase de bienes sobre personas que no lo merecían. Poder para alimentar al que duda del favor de Dios y guiar a un pueblo a través de las pruebas del desierto hacia la Tierra Prometida.

A la luz de estas 3 cosas: Testificar con gratitud, Celebrar la provisión y Admirar el Poder de Dios, te invito a que leas este pasaje del Nuevo Testamento. Aquí nuestro Señor Jesucristo  nos da la correcta interpretación de ese pan que viene del cielo.

Yo soy el pan de la vida. Los padres de ustedes comieron el maná en el desierto, y murieron.  Este es el pan que desciende del cielo, para que el que coma de él, no muera. Yo soy el pan vivo que descendió del cielo; si alguien come de este pan, vivirá para siempre; y el pan que Yo también daré por la vida del mundo es Mi carne. Juan 6:48-51

Así como en los días de Moisés el maná bajo del cielo, Jesús mismo se presenta como el verdadero alimento que refleja la fidelidad de Dios con su Pueblo. Siempre está presente, siempre alimenta, siempre da vida y fue dado no a una etnia particular sino a gente de todo el mundo. Su muerte verdaderamente limpia de pecado y de condenación y quien cree en Él ha pasado de muerte a vida.

Amigo mío te pregunto, ¿Has probado ese pan que bajó del cielo? ¿Has guardado de El para compartir? ¿Has visto que Jesús es la provisión de Dios por tus pecados y la provisión de vida verdadera para tu vida vacía? ¿Has probado que el evangelio es el poder de Dios para el que cree, aun siendo rebelde de naturaleza y corazón? Quiera Dios que sea así y puedas realizar con Jesucristo estas 3 cosas que demanda. Que testifiques de El con gratitud, que celebres la provisión de un Salvador y que admires el Poder de Dios en tu Salvación.

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