HEBRÓN

Salvos no por; sino para obrar

“Pero cuando se manifestó la bondad de Dios, nuestro Salvador, y su amor para con la humanidad, nos salvó, nos salvó, no por obras de justicia que nosotros hubiéramos hecho, sino por su misericordia, por el lavamiento de la regeneración y por la renovación en el Espíritu Santo,” – Tito 3:4-5

Antes de conocer a Cristo toda persona en un sentido Espiritual está muerta, ya que desde la caída del hombre en el edén toda la creación quedó sujeta a pecado, y por lo tanto ni todas las obras piadosas que pudiese hacer una persona la pueden salvar; para la Salvación la Biblia enseña que se necesita una revelación y esta fue hecha en la persona de Cristo ya que cuando el vino por primera vez vino a mostrar al Padre (Dios), siendo el mismo la obra máxima al ser sacrificado por los pecados de la humanidad.

Las obras en un creyente solo demuestran un resultado externo de lo que el Evangelio a producido en el corazón de una persona. En el antiguo testamento también existía un lugar de limpieza como un pozo en el tabernáculo a lo que Pablo en este verso (Tito 3:4-5) Shace una comparación con el Espíritu y su poder regenerador y purificador en la persona Salva.

“Las obras como tal no son un requisito para ganar la salvación, solo son la evidencia de una genuina conversión”.

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