HEBRÓN

Tu pueblo será mi pueblo y tu Dios mi Dios

Respondió Rut: No me ruegues que te deje, y me aparte de ti; porque a dondequiera que tú fueres, iré yo, y dondequiera que vivieres, viviré. Tu pueblo será mi pueblo y tu Dios mi Dios. (Rut 1:16)

Un Corazón dispuesto

Sin duda alguna, el libro de Rut es una historia de amor y de redención, relata emociones que hemos vivido; desde la soledad, hasta la bendición. La historia de Rut acontece en una época en donde Israel padecía una terrible hambre, que surge de la desobediencia del pueblo (Deut 11:13-17).

El pueblo estaba sumergido en un caos social, político, moral y espiritual; habían olvidado a Dios como su Rey. A causa de esta hambre, Elimelec (suegro de Rut) decide llevarse a su esposa Noemí y a sus dos hijos fuera de Israel (v.1) a morar en Moab tierra enemiga de Israel.

Esto nos da una idea de la desesperante situación que se vivía en Israel; tanto así, que Elimelec se vio obligado a tomar esta decisión olvidándose de su sustento, Dios. Al poco tiempo muere Elimelec (v3) dejando a Noemí sola con sus dos hijos, quienes desobedeciendo las leyes judías (Deut 7:1-11, 23:3-6) tomaron como esposas a mujeres moabitas (v4).

En este momento, acontece lo peor para Noemí y para sus dos nueras, los hijos de Noemí fallecen (v5) y estas tres mujeres quedan solas. En esta época ser una viuda sin hijos, o sin ningún pariente responsable era casi imposible que pudiera suceder.

Esas mujeres se posicionaban en la clase más baja de la sociedad, ya que no tenían el sustento ni ayuda de alguien. No podían esperar vivir por mucho tiempo. ¿Puedes imaginarte lo que estaban viviendo estas tres mujeres? La tristeza, la desesperación y frustración por la que estaban pasando era verdaderamente dolorosa.

¿Y cuántas veces no nos hemos sentido así? Perdidos, sin esperanza, derrotados como si Dios nos hubiera abandonado a nuestra suerte. Podríamos egoístamente pensar que Dios los estaba castigando por las decisiones que tomaron.

Sin embargo, para mí esto no es más que un reflejo de nuestra vida alejados de Dios, donde abrimos la puerta al enemigo y permitimos que entre a nuestras vidas (Juan 10:10) y donde olvidamos que sin Dios nada podemos hacer y que las cosas no nos saldrán bien (Juan 15:5).

Dos mujeres extraordinarias

La Biblia nos cuenta que Noemí decide regresar a Israel junto con sus nueras al escuchar que Jehová los había visitado, (v7) pero en el camino las persuade a que regresen a su casa (v8) y Rut, una de sus nueras le dice estas increíbles palabras:

“No me ruegues que te deje, y me aparte de ti; porque a dondequiera que tú fueres, iré yo, y dondequiera que vivieres, viviré. Tu pueblo será mi pueblo y tu Dios mi Dios.” (v16)

En este versículo podemos ver reflejado el corazón de dos mujeres extraordinarias:

1. Vemos el corazón entregado y lleno de amor que tenía Rut. Pese a que ella era extranjera y pese a que se crió con otros dioses, tomó e hizo como suyo al Dios de Noemí. Dejando atrás todo lo que ella era y creía, renunciando a sus orígenes y asumiendo una nueva cultura espiritual. Su devoción por el Dios de Israel era real; la vida de Rut, fue un sorprendente, maduro y significativo testimonio de fe personal.

Rut renuncia a su vida personal, pues sabía que ahora tendría que hacerse cargo de Noemí que era de edad avanzada; esto nos refleja el amor profundo que Rut tenía por Noemí al no dejarla sola. A esta mujer sumisa, llena de amor y misericordia no le importó cambiar sus creencias y nacionalidad con tal de convertirse en una hija de Dios.

2. Vemos el corazón fiel de Noemí a su Dios. Para que Rut pronunciara estas palabras, la vida de Noemí tuvo que haber tenido un gran impacto en Rut, orillándola a cuestionarse respecto a sus dioses y decidir seguir al Dios verdadero. Todo esto lo hizo Rut porque encontró a una persona que le modeló una fe firme en el Dios verdadero.

Todo lo que la Escritura nos dice sobre Noemí indica que permaneció inalterable en la fe a lo largo de sus duras experiencias. Fue una mujer de gran fe, que soportó inimaginables pruebas sin nunca vacilar en su amor para con Jehová y en su compromiso con su voluntad. Así que su vida es en realidad una expresión impresionante de la fe, sin una pizca de resentimiento.

En este primer capítulo podemos ver la difícil situación que enfrentan estas mujeres pero también vemos la actitud y el corazón con el que las enfrentan. Todo esto me hace reflexionar y cuestionarme dos cosas:

1. ¿Realmente tengo un corazón como el de Rut dispuesto a renunciar a todo por seguir a mi Dios verdadero?

2. ¿Realmente estamos viviendo una vida que cause impacto y haga decir a otros “Tu Dios será mi Dios”?

Comentar